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martes, 28 de diciembre de 2021

La orgia de lina.

 Relato: La profesora Iina


Mi nombre es Iina y soy profesora de preparatoria. Lo siguiente ocurrió un viernes al rededor de las 7:15 de la tarde. Había llegado a mi apartamento algo cansada pero aún con trabajo por hacer: corregir tareas y exámenes de mis alumnos. Después de ponerme ropa cómoda y cenar algo, me decidí a comenzar con esos papeles para no tener que hacerlo durante el fin de semana ya que unas amigas me habían invitado a salir para el sábado. Esta era una labor que normalmente no me tomaba mucho tiempo, ya que viviendo sola -sí, soy divorciada- no tenía muchas distracciones. A los 20 minutos de estar concentrada en lo mío, comienzo a oír música con alto volumen que provenía del apartamento de mi vecino. Realmente no lo conocía muy bien. Solamente sabía que se llamaba Jorge, era estudiante universitario y vivía solo. A decir verdad, no me parecía muy guapo pero sí alguien simpático y carismático. Unos meses atrás nos habíamos presentado en el edificio y platicado brevemente en un par de ocasiones, por lo tanto me sentí con la confianza de ir a pedirle amablemente que le bajara al volumen de su música. Salgo, le toco la puerta un poco fuerte para que me oyera, él abre y me saluda amablemente: 


- Hola, Isabel, ¿qué tal?

- Hola, Jorge. Oye, disculpa que te moleste pero es que estoy en mi casa trabajando. ¿Te molestaría si te pido que por favor le bajes a tu música?

- Bueno, es que estamos teniendo una pequeña reunión entre amigos y solamente queríamos amenizar el ambiente, pero no te preocupes, le bajaré un poco al volumen. 

- Ay, muchas gracias. 

- No tienes nada qué agradecer. 


Jorge cierra su puerta, yo me regreso a mi apartamento y continuo con mi trabajo. Algunos seis u ocho minutos después, alguien toca mi puerta y abro. Era Jorge, parado con sus manos en los bolsillos de su pantalón y me dice:


- Hola, Isabel. Perdón que te interrumpa. 

- No te preocupes. Dime. 

- Mira, yo sé que estás trabajando, pero mis amigos y yo también queremos entrar en ambiente porque estamos festejando el cumpleaños de una de nuestras amigas. ¿Por qué mejor no vienes con nosotros a la fiesta y te relajas un poco?


La verdad sí quería terminar mi trabajo esa misma noche, pero en ese momento me acordé que había sido una semana muy dura en la escuela y que no me vendría mal distraerme un poco en la fiesta de mi vecino. Entonces le respondí:


- ¿Sabes? Acepto tu invitación. Pero solamente un ratito, eh. 

- Claro, ven a acompañarnos. 

- Bueno, realmente no puedo irme así en pants y playera. Dame unos minutos para cambiarme y ahora mismo llego. 

- ¡Muy bien! Gracias, Isabel. Entonces te esperamos. 


Cerré la puerta y me dirigí a mi recámara para cambiarme de ropa. Dudé un poco en qué ponerme ya que me imaginé que sería una fiesta de jóvenes, ya que Jorge era un estudiante universitario de algunos 22 a 24 años, así que supuse que la mayoría de sus invitados rondarían en esa edad, pero a la vez quería algo que fuera de acuerdo a mis 41 añitos. Encontré un vestido amarillo pastel un poco corto y entallado de tela ligera de algodón que me quedaba un poco arriba de las rodillas, con un suéter ligero color guinda; me encantaba  porque no escondía mi escote. Me apliqué un poco de maquillaje y labial con colores sutiles, y también me arreglé un poco mi cabello lacio y mcastaño claro que me llegaba hasta la mitad de la espalda. También tomé mis zapatillas color negro de tacón mediano. Y como toque final, me apliqué un poco de mi perfume favorito. Me revisé una vez más frente al espejo, quedé impresionada de ver cómo lucían mis curvas y mi cuerpecito de 1.68 m de estatura. Tomé solamente mis llaves y ahí voy al departamento de Jorge. Toqué la puerta, Jorge abrió y me invitó a pasar sin poder ocultar el placer que le daba haber aceptado su invitación. 


- Ven, Isabel, pasa. Mira, aún faltan varios invitados por llegar pero ya están aquí dos de mis amigos. Te los presento. Ellos son Pablo y Ricardo. 


Ahí estaban estos dos chicos sentados en la sala. Ellos tampoco podían ocultar su placer por verme. Noté como con sus miradas casi me desnudaban. Mi escote es lo que más les llamó la atención, ya que tengo unas tetas bastante “apetecibles” por lo que me han dicho exparejas. Uno de ellos me dijo extendiendo su mano para estrecharla:


- Hola, Soy Pablo, mucho gusto. 

- Mucho gusto, Pablo. Isabel. 

- Yo soy Ricardo. 

- Encantada, Ricardo.


A decir verdad, Ricardo, era el más guapo de los tres, aparte de tener un buen estilo de vestir. Era de cabello un poco rizado, tez morena clara, y cuerpo atlético. Pablo y Jorge median aproximadamente 1.75 m de estatura cada uno. Jorge era de tez blanca, complexión delgada y cabello lacio. Pablo era el más moreno de los tres, con unos kilitos de más, y cabello un poco rizado. Jorge inmediatamente interrumpió:


- Bueno, Isabel, ¿gustas algo de tomar? Tenemos refrescos, cerveza ¿o algún tequilita o Whisky?

- Hmm… whisky , eh. ¿Tan pronto me quieres emborrachar? 


Hice ese comentario para romper bien el hielo y los cuatro reímos. 


- Claro, te acepto un whisky en las rocas por favor. 

- Bien, en seguida te lo traigo. 


Jorge se retiró por un momento a la cocina. Me quedé en la sala con Pablo y Ricardo, y me comentó Ricardo:


- ¡Vaya! No sabía que Jorge tuviera una vecina tan guapa. 

- Gracias. 

- Yo concuerdo con Ricardo, eh. 


Exclamó Pablo. Después Jorge regresó de la cocina con una ronda de bebidas para todos. Así comenzamos a charlar para conocernos más, contamos algunas anécdotas graciosas y cosas por el estilo mientras seguíamos bebiendo. Pasó un buen rato y noté que no llegaban los demás invitados y me decidí a preguntarle a Jorge:


- Oye, Jorge, ¿a qué hora van a llegar el resto de los invitados, incluyendo tu amiga la festejada?


Los tres chicos se vieron a los ojos uno al otro con una expresión de no saber qué contestar, hasta que Jorge me contestó. 


- Bueno, Isabel, espero que no te molestes por lo que te dije pero, realmente no habrá ninguna fiesta. Simplemente nos juntamos nosotros y decidimos invitarte para pasar un buen rato los cuatro. 


Para ese entonces yo ya tenía algunos tragos encima y me sentía un poco tomada y alegre, y solamente le respondí a Jorge con una sonrisa:��-Mmm… No te preocupes, mentirosito. Igual me la estoy pasando super bien con ustedes. Bueno, ¿hay que hacer una fiesta de cuatro, no? ¿Quién quiere bailar?��Inmediatamente me levanté del sofá, le subí un poco al volumen de la música y me puse a bailar, después les pregunté:��- ¿Alguien más quiere bailar conmigo?��Al verme meneando todo mi cuerpo al ritmo de la música con unos movimientos provocativos, Pablo y Ricardo se levantaron para bailar conmigo. Pablo se colocó enfrente de mí y Ricardo atrás. A ambos los tenía bailando muy cerquita. Podía oler sus fragancias, y a decir verdad, teniéndolos a ambos a esa corta distancia, hizo que me comenzara a poner cachonda. Volteaba a ver a Pablo a los ojos esporádicamente y nos sonreíamos, mientras también podia ver los brazos extendidos de Ricardo hacia mis costados. Le pedí a Jorge que se levantara a bailar con nosotros, quien aún estaba sentado disfrutando de su bebida. Como esperando mi invitación, inmediatamente puso su vaso sobre la mesita de centro y también se levantó. Así seguimos bailando por un rato, me encontraba rodeada de estos tres chicos bailando felizmente. Cada vez los sentía mas cerquita de mí y eso me fascinaba y me estaba poniendo caliente. Yo seguía moviendo mis caderas sabroso, cuando comencé a sentir el bulto de Ricardo rozándome las nalgas. Con eso comencé a ponerme demasiado cachonda. No parábamos de mover nuestros cuerpos al ritmo de la música. Pablo colocó sus manos sobre mi cintura, y Jorge las suyas sobre mis hombros. Yo volteaba a verlos a los ojos y les sonreía pícaramente. Después sentí las manos de Ricardo sobre mis caderas y comenzó a restregarme su paquete sobre mis nalgas. Ya comenzaba a sentirme bastante excitada y podía notar que ellos también se estaban poniendo calientes. De repente Jorge acercó su rostro a mi cuello y comenzó a besarme delicadamente. Acto seguido por Pablo, quien colocó su mano sobre mi barbilla y llevo sus labios hacia los míos para darnos un beso muy breve pero delicioso. Mientras seguíamos bailando, sentía las manos de los tres recorriendo todo mi cuerpo. Ricardo metió mi mano entre mi entrepierna y la subió directo a mi vagina que ya se estaba humedeciendo con mis jugos vaginales, y la masajeó poquito sobre mis bragas. Solamente cerré mis ojos y decidí disfrutar el momento. Después, sentí como uno de ellos colocó su mano sobre mi cabeza haciéndome quedar agachada en cuclillas. Yo solamente me dejé llevar y cuando ya estaba agachada, abrí los ojos y me vi rodeada de los tres chicos, pero sus paquetes me quedaban al nivel de mi rostro. Podía ver que los tres ya estaban con sus pingas duritas. Jorge y Pablo, quienes seguían de pie a mis costados, cada uno tomó una de mis manos y la colocaron sobre sus paquetes. Podía sentir sus pingas duras y comencé a frotárselas sobre su pantalón mientras volteé a verlos hacia arriba y los veía con sus rostros sonriendo y cargados de lujuria mientras Ricardo masajeaba mis hombros y mi cuello. Después a Jorge y Pablo les bajé el cierre del pantalón a cada uno para sacar sus pingas. Estaban totalmente erectas y comencé a masajearlas suavemente. La polla de Jorge era de un tamaño aceptable, como de 16 cm. La de Pablo era un poco más corta, como de 14 cm pero se veía bastante gruesa como un salami. Ricardo no quería quedarse afuera de la acción y se colocó enfrente de mí. También podía ver que su paquete estaba muy crecidito. Lo volteé a ver a la cara y nos sonreímos. También le bajé el cierre del pantalón y le saqué su polla. ¡Madre mía! Estaba totalmente dura y medía como 17 cm y también estaba un poco gruesa pero no tanto como la de Pablo. La cabeza de su enorme polla me quedaba de frente, así que no me resistí y abrí la boca lo más que pude y comencé a chupársela. Regresé mis manos a las otras dos pingas de Jorge y Pablo para seguírselas jalando pero con mi boca en la pinga de Ricardo. Mis labios no podían llegar más allá de su glande. Aparte de que mi boca es pequeña, su polla estaba totalmente cabezona. Seguía jalándoles la pinga a Jorge y Pablo mientras la de Ricardo entraba y salía de mi boca. Cuando la tenía adentro, le masajeaba su cabeza y el glande con mi lengua. Eso al parecer le excitó demasiado y comenzó a gemir como loco. Después me saqué su pinga de mi boca y me volteé hacia Jorge. Ahora comencé a mamársela a él mientras a Ricardo le comencé a dar unos jalones en su tremenda polla empañada con mi saliva. Así duramos otro par de minutos. Pablo también quiso sentir mi boquita sobre su pinga gorda. Hice un tremendo esfuerzo para meterme la cabeza de su pinga y apenas me entró. Sentía que me ahogaba, se me salieron un par de lagrimas porque sentía que apenas podía respirar, ya que Pablo me empujaba mi cabeza hacia su polla. Me saqué la polla de Pablo de la boca y traté de recuperar el aliento. Esto tenía muy excitados a estos tres chicos. Después Ricardo dijo:


- Esto es totalmente delicioso. ¿Porque mejor no seguimos la fiesta en la recámara?

- Me parece bien. 


Contestó Jorge. Los cuatro nos fuimos caminando hacía la recámara y en el camino, los tres chicos, que ya eran unas bestias cargadas de lujurias, me iban manoseando por todos lados: mis nalgas y mis tetas especialmente. Yo me ponía aún mas mojadita porque con el alcohol en mi sangre y mi calentura, sabía que me esperaba algo totalmente delicioso. Entramos a la recámara e inmediatamente los tres comenzaron a desnudarse, mientras yo me recargué sobre la orilla de la cama dándoles la espalda a ellos y meneando mi culito bien rico para excitarlos aún más. Pablo preguntó:


- ¿Quién va a darle, primero?

- Es mi departamento, por lo tanto, yo voy primero. 


Contestó Jorge. Así como estaba yo de espaldas, Jorge solamente me subió un poquito la falda de mi vestido, me bajó mis bragas hasta las rodillas, tomó su pinga con la mano y me la metió en mi vagina por detrás. “¡Ooohhhh” dejé escapar un gemido al sentir ese trozo de carne deslizarse dentro de mí. Comenzó a embestirme muy duro con sus manos sobre mis caderas. Los otros dos chicos nos venían atónitos, después Pablo se subió a la cama, y comenzó a manosearme las tetas después de bajarme el escote del vestido para dejarlas expuestas. Ricardo también se acercó a admirar de cerca toda la acción, y me metió el dedo pulgar de su mano derecha en mi boca para que se lo chupara así como le chupé la polla, y así lo hice. Después de un rato, Ricardo pidió su turno para follarme. Jorge me sacó su verga totalmente mojada y oliendo a mi sexo, pero aún erecta. Ricardo me acostó de espaldas sobre orilla de la cama, me quitó las bragas por completo arrojándolas a un rincón de la recámara, me abrió las piernas sosteniéndolas de mis tobillos y me penetró. “¡¡Oooohhhhhhhh!!!!” No pude evitar dejar escapar ese grito al sentir como esos 17 cm de carne me estiraban toda la panocha. Era un poco doloroso pero aún más placentero. Había probado diferentes v3rgas desde mis 17 años, pero jamás una así de grande como la de Ricardo. Era una máquina aplanadora e insaciable. Comenzó a darme duro y tupido. Yo no podía dejar de lanzar gritos: “¡¡Oooooooohhhh!!! ¡¡Ooooohhhhh!!!” Para silenciar mis gritos, Jorge metió su polla en mi boca. Rápido traté de sacarla porque sentía que me ahogaba, pero Pablo rápido me sujetó de las manos. Ahora sí estaba totalmente dominada y eso me fascinaba. Ricardo me seguía dando duro como máquina de coser, y tenía la v3rga de Jorge entrando y saliendo de mi boca, y Pablo me tenía sujetada de las manos disfrutando de lo que veía como un verdadero sádico. Después Pablo me soltó de las manos pero yo seguí masturbándolo con mi mano derecha. Era algo totalmente exquisito. Siendo follada, ultrajada y dominada por estos tres hombres sádicos y degenerados llenos de tanta energía sexual y lujuria. Lo estaba disfrutando al máximo. Estábamos en un momento muy excitante para los tres con nuestros cuerpos ya empapados de sudor cuando Ricardo dijo:


- ¡Ya mero me vengo! Ahhh….

- Aaahhh… Yo también. 


Exclamó Jorge. 


- Vamos a venirnos los tres sobre ella. 

- ¡Buena idea! 


Dijo Pablo y contestó Jorge. Eso que estas tres bestias querían hacer conmigo me puso al máximo de caliente y también me quise venir con ellos. 


- ¡¡Aaahhh!! ¿Listos?

- ¡¡¡Sí!!


Dijo Ricardo y contestarnos los otros dos al mismo tiempo. Pablo comenzó a masturbarse la pinga el solo a un ritmo bastante acelerado. Con ambas manos desocupadas, yo comencé a estimularme el clitoris que estaba bien mojadito y bien hinchado de la excitación. 


- ¡Vengaaaa! Unaaa, doooossss y….. ¡¡aahhhhhhhhhh!!!!!


Contó Ricardo mientras no pudo llegar a tres y rápidamente saco su v3rga de mi panochita para aventarme su leche sobre mi vientre. Jorge y Pablo también se vinieron casi al mismo tiempo que Ricardo. Jorge me sacó su polla de mi boca y se la jaló rápidamente para venirse en mi boca y mis mejillas:


- ¡Aaahhhh!!! ¡Aaaaaaahhhhh!! 


Al mismo tiempo Pablo me cubrió todas las tetas con su leche calientita y yo también tuve un orgasmo totalmente intenso. Algo que jamás había sentido en mi vida. No pude contenerme y grité mientras arrojaba un chorro calientito de mis juguitos de mi pepa que cayeron sobre las piernas peludas de Ricardo:


- ¡¡¡Oooooooooohhhh!!!!! ¡¡¡Oooooohhhh!!!!! ¡¡Ooohhh qué rico!!!!! ¡¡Ooooooooohhhhhh!!!!


Las caras de asombro de esos tres chicos al verme arrojar esos líquidos era indescriptible. 


- ¡Wooow! ¡Qué noche! 


Comentó Jorge mientras el resto de nosotros tratábamos de recuperar fuerzas y el aliento. 


- Claro. Deberíamos repetir 8. 


Recalcó Pablo. Pero no fue así. Pasó el tiempo y ese fue el fin.


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